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'Abracadabra' - Con vino, o con cerveza

Vía El Séptimo Arte por 04 de agosto de 2017
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'Abracadabra' es una película... peculiar. Pero en eso reside su... magia. En lo inclasificable que resulta. En la salud y en la enfermedad, en lo bueno y en lo malo. Esto es algo que hará de ella un plato amargo para unos cuantos; por ejemplo, para los amantes de lo convencional a los que no les gustan las sorpresas. A los que les gusta ir a tiro hecho. Siempre al borde del ridículo aunque sin caer (abiertamente) en él, 'Abracadabra' desafía la paciencia del espectador, y por ende, es un filme que hay que encarar como si fuera una sugerencia del chef, no una tapa cualquiera de la carta.

Complicado describir 'Abracadabra', por eso no lo haremos. O bueno, no lo haré dejando de lado, de paso, el vicio/la manía de hablar en plural. Como si eso diera la razón, ja. Hablaré por mi, por mi simpatía hacia películas que puedan descolocarte, jugar con tus expectativas de manera tan imprevisible y rocambolesca como para ser verdaderamente estimulantes, incluso fascinantes. Uno acude a una sala de cine acompañado de sí mismo, y de sus prejuicios. Y de lo que sabe, de lo que cree saber y de lo que quiere saber. De lo previsto, o de lo que se supone que dicen los demás.

'Abracadabra' forma parte de ese 25% de estrenos que no permite corroborar gran cosa, ni confirmar ninguna sospecha en particular. Si vamos claro está más allá de lo básico, de un porcentaje en la puñetera Rotten Tomatoes. Del "está bien" o "está mal". Y 'Abracadabra' ni es buena ni es mala, tampoco una película "interesante". Pero sí es una película... curiosa. Una mezcla personalísima de comedia, drama, thriller y vete a saber qué más de la que nunca sabes con certeza que esperar. Ni mucho menos por supuesto, si es un escrache que hay que tomárselo con vino o con cerveza.

Lo extravagante, excesivo, irregular e imperfecto pero a la vez elegante de su devenir es lo que elevan a 'Abracadabra' por encima del bien y del mal. De lo simple y lo llano. Y es por supuesto lo que la hace especial, diferente, reconocible y sobre todo culpable de un visionado sin complejos, obligado, por el que dejarse llevar de igual modo que hace un reparto tan bien resuelto. Como si fuera una sesión de hipnotismo, o como si fuera un paripé organizado en nombre del hipnotismo. Sin miedo pero con esa irresistible curiosidad por desvelar una auténtica incógnita de todo, menos corriente.


Por Juan Pairet Iglesias
@Wanchopex


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